Sí, somos escritores.

¡Cuánto ha cambiado el mundo en este último año! Y cuánto aún cambiará en los que vienen. No hay un solo sector ni una sola actividad que se haya mantenido inmune ante los cambios, como tampoco hay personas que puedan seguir viviendo como lo hacían hasta no hace muchos meses. “La vida es cambio” dice alguna frase por ahí, y desde marzo de 2020, hicimos un posgrado en esa materia, estuviésemos o no, de acuerdo con ella.

La gran mayoría de quienes disfrutamos del arte de escribir, nos iniciamos con el prurito de llamarnos (o permitir que nos llamen) “escritores”, porque esa etiqueta estaba reservada solo para unos pocos amantes de la escritura (como nosotros) pero que por capacidad, talento, calidad, voluntad, suerte o simples circunstancias, tuvieron la dicha de ver sus escritos publicados en sendos volúmenes que, una vez en las librerías o bibliotecas, llegaban a las ávidas manos de los lectores.

Indudablemente hay diferencias entre los escritores, sobre todo entre aquellos que se dedican profesionalmente al arte y viven de su profesión literaria, en contraposición con otros que hacen de su pasión, una expresión circunstancial. También hay enormes diferencias en el tipo, la profundidad y la calidad de las obras de unos y otros escritores que, día a día, entregan sus horas a la producción de una infinita variedad de estilos literarios.

Pero, como decía al principio, todo ha ido cambiando desde hace décadas, y este último año, a causa de la pandemia de Covid-19 muchos de esos cambios se profundizaron muchísimo más, adelantando aspectos que hubiesen llevado años en circunstancias “normales” (o como solíamos llamarlas). El papel que juega ahora la Internet en nuestras vidas es omnipresente y, por ende, la forma en que los seres humanos nos comunicamos es una de las áreas que ha sufrido el mayor cambio, uno tan drástico, que sería impensado para muchos de aquellos que vivieron en los inicios del siglo veinte, sin ir más lejos. Entonces, si ha cambiado tanto la forma en que nos comunicamos (aspecto fundamental en la vida y desarrollo de nuestra especie), ¿cómo no va a cambiar también el papel de la escritura y la lectura?

No adhiero a las teorías que tienden a eliminar unas actividades por otras, simplemente porque algunas, en determinados momentos, gozan de mayor popularidad frente a otras, que podría decirse que ya no están tan en boga. No creo que los libros digitales extingan a los tradicionales de papel, tampoco que la gente lea menos porque supuestamente ahora dedica más tiempo a ver videos o escuchar podcasts, en realidad, pienso que la gente lee muchísimo más que en cualquier otra época de la humanidad, ya que la gran mayoría de las formas en que nos comunicamos hoy, se basan en la palabra escrita. Internet ha brindado acceso a la información y el conocimiento como nunca antes en nuestra vasta historia, democratizando las posibilidades de saber y conocer, transformándose en una herramienta fundamental para generar horizontalidad entre las personas.

Bajo esta misma línea de razonamiento entonces, ¿qué diferencia hoy a un escritor profesional que publica en formato tradicional, de un amateur que lo hace a través de un website o un blog? Las mismas particularidades que los diferenciaron siempre, pero con la salvedad de que hoy, en un ejercicio mucho más horizontal y democrático de la escritura, ambos tienen el mismo poder comunicativo, incluso, y dependiendo de las circunstancias puntuales, puede hasta darse el caso de que el escritor amateur goce del privilegio de contar con varios cientos de miles (cuando no millones) de lectores más, que muchos escritores profesionales.

Por definición, ambos son escritores (el profesional y el amateur), por el mero hecho de expresar sus ideas mediante la palabra escrita; y ciertamente no hay (aunque siempre pretendió haberlo), una academia que otorgue el título de escritor, solo a aquellos privilegiados que reciben tal honor de manos de la “intelectualidad”. Ocurrió siempre y en todas las ramas del arte, un selecto grupo de probos intelectuales, en su afán de diferenciarse de la expresión popular, desdeñaron a esta última en favor de aquellos que se apegaban, con su obra, a los estándares y formatos que éstos exigían. Pero los tiempos han cambiado para siempre, y hoy, para pesar de la intelectualidad pura y dura (porque también la hay de mente abierta y receptiva) un Blogger recibe más visitas, lecturas y comentarios que los ejemplares que puede vender un escritor reconocido, un YouTuber tiene más televidentes que un programa de prime time de una gran cadena de TV, un grupo de adolescentes con su primer canción subida a internet puede tener más visitas que el nuevo single de una banda famosa, en fin, como vengo diciendo, todo ha cambiado y, por ende, muchos de los paradigmas que nos guiaban hasta no hace mucho, ahora se caen a pedazos como los naipes de una torre.

Bienvenidos los cambios si son para mejorar, bienvenidos los cambios si aportan a reducir las diferencias entre los seres humanos, bienvenidos los cambios si permiten que cada uno exprese, en igualdad de condiciones, el arte y las ideas que habitan en su interior. Bienvenidos los cambios si promueven que cada lector, tenga la posibilidad de elegir libremente a qué obras les regala su tiempo. No se frena el progreso, éste avanza por su propia inercia y provoca los cambios que correspondan, de acuerdo a la evolución de las diferentes ciencias, está en nosotros amoldar nuestro diario vivir para poder acompañar su progreso, sin morir en el intento, ni quedar fuera del sistema.

Así que bien lejos de aquel prurito inicial, todos aquellos que disfrutemos y entreguemos nuestras horas a la producción de textos literarios en el estilo y formato que sean, tanto en forma profesional como amateur, mediante el tradicional formato de publicación editorial, o vía la publicación en blogs, páginas de internet, medios de prensa o redes sociales, adoptemos con orgullo y sin reservas la denominación que nos define, porque sin lugar a dudas, ¡somos todos escritores!

© José Luis Martínez Gadea

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