Esos libros que nos miran

Ya en mi niñez descubrí que hay una fuerza de atracción que los libros ejercen sobre nosotros, una sensación muy especial, personal y adictiva. E increíblemente, no se produce con todos, sino que es algo que se experimenta solo con algunos ejemplares.

Hay química entre algunos libros y nosotros, igual que entre humanos, no se da con todos, pero con aquellos que sí, puede llegar a ser fuerte y generar esa ansiedad típica de la espera, ante el encuentro inminente.

En mi casa hay libros casi que por todas partes, no están “tirados por ahí” ni “desordenados”, todo lo contrario, cada uno ocupa un lugar específico en base al momento en que sé, que podemos encontrarnos y pasar un rato juntos.

Pero esta suerte de conexión energética de la que hablo, presenta algunas características especiales también, como por ejemplo que mute, que cambie con el paso del tiempo; que aquel que dormía apaciblemente sobre un estante de la biblioteca, de un día para otro y sin previo aviso, despierte con energía inusitada, desempolve su aura y empiece a brillar lo suficiente, como para que volvamos a mirarlo con otros ojos, sabiendo que está ahí, atento, expectante y dispuesto a saltar a nuestros brazos.

Creo que todos los aficionados a la lectura llevamos una lista mental con los títulos que pretendemos leer y el orden en que lo haremos, aunque en el fondo todos sepamos también, que esa lista no es estática, ni cerrada, fluctúa permanentemente en base a los estímulos que recibimos, a los temas que nos interesan, a los nuevos conocimientos que llegan a nosotros y a la propia influencia que ejercen los libros, a través de su hipnótica mirada.

Y así pasa, por ejemplo, que compre dos ejemplares para leerlos en el orden que en ese momento les asigne, empiece uno de ellos y durante ese transcurso, se entrometa impertinente, la atractiva presencia de algún otro, que traspasando la barrera de mis pensamientos se aloje allí, justo donde sabe que estará bien presente los próximos días. Si esa química tiene la mezcla justa de ingredientes, el nuevo ejemplar ocupará el lugar que antes estaba destinado a aquel, que tranquilo se dirigirá a una nueva ubicación, desde la cual esperará paciente su momento para volver a brillar.

Este flujo interminable de energías, se sucede con absoluta normalidad a lo largo de nuestra vida, y a tal punto, que no la concebimos sin él. Una vez que abrimos el canal, no podemos prescindir de su existencia, ni dejar de reconocer que a nuestro alrededor, hay libros que nos miran, y que eso nos encanta.

José Luis Martínez Gadea ©

2 comentarios sobre “Esos libros que nos miran

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