Humanos, hijos del rigor

Somos seres humanos y somos hijos del rigor, no hay otra vuelta.

En una gran cantidad de situaciones cotidianas, el sentido común termina siendo, inexorablemente, el menos común de los sentidos. Y nada lo ha demostrado más en estas últimas semanas, que la actual crisis sanitaria mundial por el Coronavirus, o como en realidad se denomina, COVID-19.

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS), como la totalidad de los sistemas médicos a nivel mundial han indicado hasta el hartazgo que hay, principalmente, dos formas en las que se combate de forma más eficaz la propagación del virus, como son, unos correctos hábitos de higiene personal mediante el lavado profundo de manos y la desinfección de todas las superficies con las que tenemos contacto, y además, la aplicación voluntaria de un distanciamiento social, tanto al transitar por lugares públicos, como el resguardarnos en nuestros hogares, mucho más si somos conscientes de que podemos portar alguno de los síntomas ya conocidos por todos.

Pero bastó simplemente con que el virus irrumpiera en cada una de las sociedades a las que ha ido atacando, para que saltaran a la luz varias actitudes de los seres humanos que dejan mucho que desear.

Multitudes volcándose simultáneamente sobre establecimientos proveedores de alimentos, medicinas y artículos de limpieza y desinfección para, literalmente, arrasar con todo aquello que “estimaban” necesario acopiar, para hacer frente a una pandemia que muestra su llegada pero no deja ver su fin, dejando —aquellos que disponen de recursos económicos suficientes— sin stocks y sin posibilidades de acceso a esos mismos productos, a precios razonables, no sólo a los sectores menos pudientes, sino también al mismo sistema de salud, generando así el colapso de la cadena de distribución.

¿Instinto de conservación? ¿Miedo al colapso general? ¿Pánico social e individual? Sí, por supuesto, pero también falta de sentido común, falta de razonamiento lógico, falta de mesura y principalmente, una gran falta de empatía. “Yo soluciono la mía y que cada cual se preocupe por la suya”. Cuando las papas queman, en realidad nos importa sólo nuestro propio bienestar y seguridad, olvidándonos rápida y completamente del prójimo, del otro, de mi igual —como debería ser, pero no es—.

¿Realmente creemos que con esta forma de pensar y actuar, podremos enfrentar con ciertas posibilidades de éxito, cualquier tipo de catástrofe a nivel global?

¡Ja! Está muy difícil.

Por otra parte, aunque dentro de la misma línea de razonamiento, las autoridades nos instan a cuidarnos individualmente y con ello cuidar a los demás, manteniendo ciertas reglas de distanciamiento social bien básicas, como quedarnos en casa el mayor tiempo que podamos, que tratemos de circular o visitar lugares públicos sólo en casos de absoluta necesidad, y aún en esos casos, hacerlo en forma individual y manteniendo una distancia prudencial con cualquier otro ser humano en la misma situación; que tratemos de no exponer a nuestros niños y que, por sobre todas las demás medidas, cuidemos a los mayores de 65 años de exponerse a cualquier posibilidad de contacto con personas o lugares, preservando su salud y su futuro bienestar, dado que por su edad, son población de riesgo.

Parece fácil, muy sencillo de entender y aplicar, no tiene ninguna complicación extraña, pero aun así, no lo hacemos, no lo aplicamos, seguimos creyendo que “justo a nosotros” no nos va a tocar, que somos portadores de alguna especie de salvoconducto protector que nos liberará de cualquier posible contagio.

Por suerte, no todos somos así, pero hay una minoría sorda y desinteresada, culpa de la cual los gobiernos se ven obligados a aplicar medidas mucho más drásticas y nocivas para las economías de las naciones, y principalmente, para la realidad económica de una buena parte de la población que depende, para su diario vivir, de que el mercado no se paralice completamente, como sucede cuando se aplican las cuarentenas obligatorias y el cese de la circulación para toda la población.

Los costos de esas drásticas medidas son altísimos y a todo nivel, pero como somos hijos del rigor, tenemos que esperar que las cosas lleguen a su límite para recién ahí empezar a hacer aquello que perfectamente podríamos haber hecho antes, si nos comportáramos como seres responsables, sociales, inteligentes, solidarios, gregarios y empáticos con la situación del otro, ese al que no conocemos, pero que eventualmente no dispone de los medios económicos de los que sí disponemos el resto para, al menos, paliar un período de inactividad laboral o comercial.

¿Por qué el ser humano es tan complicado? Somos tan capaces de lograr cosas inverosímiles y maravillosas desde todo punto de vista, como de auto destruirnos con absoluta facilidad.

¿Por qué nos cuesta tanto asumir la responsabilidad? ¿Por qué necesitamos que los límites nos encajonen y nos dejen sin alternativas, para recién ahí accionar como se supone que debemos hacerlo?

No tengo respuestas, tan solo la ilusión de que algún día evolucionemos humana, emocional y socialmente, con la misma velocidad, fuerza y vitalidad con que lo hacemos científica y tecnológicamente.

El destino dirá entonces, si estuvimos o no a la altura de las circunstancias.

3 comentarios sobre “Humanos, hijos del rigor

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  1. No hay nada más precario que la sorberbia, y la creencia del “Primero yo” La humanidad aprende a fuerza de palos. Cuando el dolor entra en un hogar es cuando empátizamos y olvidamos que ya tenemos esa capacidad integrada. Y ya solo me queda decirte que no evolucionamos involucionamos porque hemos caído en el menosprecio del que siente ahora que está dañado. No es apelación a lo que está perdido pero si lo estará si no la gente no es capaz de hacer algo tan simple cómo quedarse en casa, los supermercados seguirán abiertos por suerte o por desgracia (Del que tenga que ofrecer servicio) PERO LA GENTE ARRASA CON TODO. Cómo si el mundo se fuera a acabar, mientras que en otros países por falta de recursos, se apañan con lo que tienen, ¿En serio hace falta tanta comida? esto se podría haber acabado en unas semanas pero no, los incapaces de guardar sus posaderas en el hogar van hacer que se alargue todo muchísimo más.

    Te invito a mi post de hoy, o a el anterior de elrincondekeren.blogspot.com tengo dos blogs

    Aunque hables con sarcasmo, a la gente le viene bien un poco de cordura, así que, merci. Por mi, para manterme en casa cómo hasta ahora y para los venideros a tu blog.

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchas gracias por tus palabras Keren y por estar siempre ahí, aportando tu punto de vista sobre mis letras. Valoro mucho tu gesto.
      Voy a darme una vuelta por tus blogs, con mucho gusto, y allí iré dejando mis pareceres.
      Saludos y gracias de nuevo

      Me gusta

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