El mundo del revés

Vivimos en el mundo del revés.

Pregonamos a diestra y siniestra postulados positivos sobre los comportamientos humanos; pretendemos ser ecologistas, saludables, plurales, espirituales y magnánimos, entre muchas otras virtudes sociales y personales, ¿siendo conscientes de que lo hacemos inmersos en un mundo que nos pide una cosa pero nos da otra?

En muchos casos, esto termina teniendo que ver con el mercado y el consumo, porque en definitiva son los que marcan varias de las pautas de nuestra vida en sociedad.

Si quieres lavarte los dientes con una pasta y un cepillo ecológicos, por ejemplo, tendrás que estar dispuesto a pagar el doble que por hacerlo con sus símiles estándares, plásticos y contaminantes. Si quieres circular por las calles en un vehículo eléctrico para no emitir gases a la atmósfera, tendrás que pagar un costo más alto, que si te decantaras por la versión a combustión, que obviamente contamina el ambiente. Si quieres comer verduras o frutas ecológicas, mejores para la salud por estar libres de fertilizantes y, eventualmente, de modificaciones genéticas, tendrás que obviamente pagar más que por sus similares cultivados mediante sistemas tradicionales. Si quieres consumir alimentos procesados en sus versiones light o diet, bajos en azúcares o grasas y por ende más saludables, tendrás que comprarlos a un precio mayor que el de sus pares en versiones normales, que terminarán a la larga promoviendo la diabetes y el colesterol entre otros. Etc., etc….

En otros casos, la problemática corresponde a cuestiones propias de los seres humanos y sus comportamientos, cuestiones sociales y políticas, en las que diferentes líderes se llenan la boca gritando a los cuatro vientos sus propuestas para generar sociedades mejores, con igualdad de oportunidades para todos, con soluciones para los eternos problemas de la vivienda, la educación, la seguridad y la salud, mientras asistimos atónitos e impotentes a la comprobación de que una vez que alcanzan el poder, olvidan todo lo prometido y se centran únicamente en la búsqueda de soluciones para sus propios intereses y los de sus más cercanos allegados.

Cuestiones individuales en las que terminamos volcando miles y miles de caracteres en las redes sociales promulgando el positivismo y la espiritualidad, pero nos deshacemos internamente entre quejas y lamentos por no alcanzar todo lo que deseamos. Nos comparamos con los demás, con sus logros y sus posesiones, mientras le damos vuelta la cara a todo aquel que se nos acerca sin cumplir con el estándar de imagen, presencia y actitud que nos imponemos. Criticamos, ofendemos, ignoramos, discriminamos, juzgamos, ninguneamos, etc., etc., etc..

No somos todos, ni todo el tiempo, pero en algún momento caemos en las garras de aquello que no queremos ser, de aquello que no nos representa, pero que sí nos atrapa y manipula.

Vivimos en el mundo del revés y lo hacemos sin aparentemente darnos cuenta. O peor, nos damos cuenta, comprendemos y nos lamentamos, pero al mismo tiempo aceptamos y continuamos adelante. ¿Por qué? Porque no tenemos alternativa, al menos no por el momento.

Estas son las reglas del juego y no queda otra que aceptarlas, a la mayoría al menos, si queremos seguir estando dentro del tablero (algo que cada vez cuesta más trabajo).

Si miramos al planeta y a nuestra vida actual como un todo, da la impresión (no demasiado clara incluso) de que en muchos aspectos el sistema parece estar al borde del colapso y no resistirse por su propio peso, pero increíblemente, por otro lado se detectan focos de luz y esperanza que dan la sensación de que no todo está perdido.

Este juego se parece mucho al dilema del huevo y la gallina ya que no tiene una solución lógica. Quizás esto sea propio de los organismos vivos (y vaya si el planeta lo es) y de sus cambios y reacciones impredecibles, no lo sé, ni dispongo de conocimientos como para afirmarlo, pero lo que sí me mueve a la reflexión es esta ilógica que nos domina y determina, este engranaje casi perfecto que nos pide una cosa por un lado, pero nos entrega la opuesta por el otro, mientras nos hace sentir responsables por la falla.

José Luis Martínez Gadea ©

6 comentarios sobre “El mundo del revés

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  1. Comparto plenamente esta reflexion, hoy dia entramos a mirar o hacer uso de las redes sociales y todo el mundo parece no tener problema de clase alguna veraneando en tal o cual lugar, cenas, asaditos, festivales y son los mismos que se lamentan por duelos y fracasos de toda indole y son seres espirituales que te dicen lo que tenes que hacet y como hacerlo pero cuando ves sus vidas o algunos compartidos te das cuenta que no lo estan aplicando, por lo que en resumen, mas que un mundo al reves, es un mundo de “locos”, gracias por todo lo que coincidimos

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  2. Vaya, pensaba que era la única que se quejaba precisamente de tener que comprar a un precio más alto para poder comer saludablemente. Vaya si estamos al servicio de los poderosos para tener que tragar. ¿En serio no se puede hacer nada? Vivimos en un mundo que por lo que me da a mi, movemos masas en lo que nos interesa, ¿Porqué no mover masas para comprar al pequeño empresario, la tienda de barrio, los pymes… etc? sería mucho pedir creo. Sobre la forma de tratar… creo que todos en algún momento, lo hemos sufrido. Pareciera que tenemos miedo a ser heridos, a ser reales, a mostrarnos tal y cómo somos. Yo, intento ser más humana, ser tan transparente cómo me pida el cuerpo, soy una persona, no una maquina de sentimientos. Pero luego cuando llega la información al que escucha o ve, lo toma como una ofensiva, bueno, al fin y al cabo, cada uno entiende lo que quiere entender.

    Buen post!! felicidades!!

    Le gusta a 1 persona

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