De la tolerancia y el futuro

Es increíble cómo podemos estar tan cerca uno del otro, y a su vez, ¡tan lejos! Antípodas separadas por un metro de distancia, miradas teñidas por cristales de colores opuestos, perspectivas antagónicas sobre un mismo objeto, todas formando parte de un muro infranqueable e invisible a los ojos, pero sólido ante la presencia del otro.

Somos seres sociales, no sobrevivimos sin los demás.

Entonces, ¿por qué tanto esfuerzo por pararnos a los lados de esta grieta, que nos separa sin las más mínimas posibilidades de encuentro? ¿Acaso pretendemos creer que existirá un mundo en el que solo sean válidos nuestros puntos de vista? Quiero creer que no, porque ello, además de utópico, representaría una forma de pensar infantil e inmadura.

A lo largo de las últimas décadas ha sido visible, palpable y constatable el deterioro social y cultural que han sufrido, principalmente, las sociedades rioplatenses. La pérdida de valores fundamentales como el respeto y la tolerancia, entre muchos otros, son cuestiones que sufrimos en el del día a día, y lo más llamativo, es que el fenómeno se produce en dos sociedades que transitaron el siglo XX como las más alfabetizadas y educadas de Latinoamérica.

Causas y razones para la problemática deben abundar, estamos ante un fenómeno que ya trascendió las cuestiones políticas, deportivas, culturales, sociales y cívicas. A diario convivimos con conflictos que pueden ir desde una acalorada discusión político partidaria entre conocidos, familiares o amigos, una gresca multitudinaria entre barras de dos equipos deportivos, una pelea en la calle por diferencias en el tránsito, hasta el ataque de una madre a una maestra por diferencias en la educación de su hijo.

Todas muestras de que la involución social que sufrimos, es inversamente proporcional a la evolución tecnológica y científica que presenta la actualidad.

¿Por qué no podemos tolerar que el otro piense diferente, e incluso en forma opuesta a nuestros puntos de vista? Si nosotros mismos lo hacíamos hace poco menos de 30 años a esta parte y no sólo podíamos convivir civilizadamente y sin fracturas, sino que además, gozábamos de mayor esperanza y veíamos al futuro con muchas más posibilidades.

¿Quién dijo que es imposible construir con el aporte de perspectivas diametralmente opuestas? Si esa es justamente la única forma de crear algo que pueda sostenerse por sí mismo. Si observamos cualquier objeto desde un determinado ángulo, como mucho podremos ver dos o tres caras del mismo, se necesitará inevitablemente la visión del ángulo opuesto para poder completarlo. El objeto seguirá siendo esencialmente el mismo, sea cual sea el ángulo desde el que miremos, ninguno invalida al otro, ambos son necesarios.

Tiendo muchas veces a pensar que los cambios que ha sufrido la constitución de la familia tienen mucho que ver en el desarrollo de este fenómeno. Padres ausentes en la crianza y en el día a día de sus hijos por culpa, entre otros motivos, del multiempleo y las dificultades económicas propias de los países en vías de desarrollo (por no decir tercermundistas, que seguramente sería lo más apropiado), la transmisión por el ejemplo de valores incorrectos (le pedimos a nuestros hijos que hagan lo contrario a lo que a diario nos ven hacer), o la permanente falta de apoyo presencial y económico de los padres varones, cuando la custodia de los hijos queda en manos de las madres, entre muchos otros factores.

Tiendo a pensar mucho en ello, pero luego de reflexionar al respecto, termino siempre entendiendo que el verdadero y mayor problema está, en realidad, en los individuos. En su falta de compromiso, en la falta de actitud, en la dejadez muchas veces y otras en el comodismo, en la falta de expectativas, en la ausencia de sueños, en el mínimo esfuerzo, en la chiquita (esa triste costumbre de obtener una ventaja personal, aunque sea mínima, gracias al esfuerzo de otro), en la avivada o en la falta de ganas por ser cada día una persona mejor.

¿Cómo podemos pretender entonces que las cosas funcionen, si no estamos dispuestos a hacer lo necesario por hacerlas funcionar?

Ya somos grandes, y tenemos que entender que no va a venir ningún hada madrina que agitando su varita mágica transforme nuestra triste realidad, en una próspera, digna y estimulante vida en sociedad.

Y llego a lo mismo del principio.

¿Somos entonces una sociedad que piensa, en su conjunto, de una manera infantil e inmadura?

Aparentemente sí.

¿Y por qué?

Probablemente, porque somos en realidad una sociedad joven, que en términos históricos esté entrando quizás en una suerte de preadolescencia, con todas las cuestiones psicológicas que ello implica. Estamos empezando a construir finalmente el modelo de sociedad que seremos cuando lleguemos a la adultez, y aquí es donde me preocupa mucho lo que estamos concretando, al menos hasta hoy.

No hemos gozado de buenos ejemplos, ni de liderazgos que nos guíen hacia el crecimiento y la prosperidad. Más bien, hemos sido presas de posturas ideológicas que lejos de buscar el bien colectivo, han ido y siguen yendo, tras meros intereses personales o corporativos, dejando a su paso una sociedad empobrecida, dividida, acorralada y cada vez menos educada. No hago referencia a bandos, ni posturas o ideologías específicas, sencillamente porque todos han actuado de la misma manera. Ninguno ha sido diferente al otro, más que en meros matices.

Por lo tanto y ante la falta de un espejo en el que mirarse (o más bien ante la presencia de los espejos equivocados), hemos transitado y transitamos como podemos, y no como debemos, los caminos del crecimiento y el desarrollo tan importantes para cualquier sociedad.

¿Estamos perdidos?

¡Uf! Hace un par de décadas contestaría enfático que no, que de ninguna manera; pero vista la realidad que nos circunda y las perspectivas que se nos ofrecen, debo decir al menos, que no lo sé.

Si reparo en que la gran mayoría de los jóvenes que estudian y se preparan para afrontar su futuro a consciencia, tienen como principal objetivo emigrar, entonces debo reconocer que soy muy escéptico; porque no se necesita ningún título profesional para darse cuenta que sin mano de obra calificada y sin el empuje de la juventud, ninguna sociedad puede sostenerse ni tener viabilidad.

Si continuamos con esta postura perezosa y acomodaticia en la que esperamos que el estado nos provea y solucione cada una de las necesidades que se nos presenten, que nos brinde una permanente sensación de seguridad y bienestar, y que todo ello nos llegue sin esfuerzo de nuestra parte, por el solo hecho de merecerlo al ser ciudadanos que pagan sus impuestos y cumplen con la ley, entonces debo reconocer que soy, de nuevo, muy escéptico.

En cambio, si por alguna causa que hoy no logro vislumbrar, entendemos al fin como sociedad y como individuos, que nada conseguiremos si no es por nosotros mismos y por nuestro propio esfuerzo. Si por fin asumimos nuestras responsabilidades como adultos, le ponemos el hombro y el intelecto a las causas que nos son comunes y tiramos todos hacia el mismo lado, entonces, y sólo entonces creeré firmemente que estamos a tiempo de dar vuelta la taba y ganar el partido.

¿Y si finalmente resulta que a pesar de todo sigo pensando diferente que vos?

¡Qué importa! Si en este mundo hay espacio suficiente para todos y lo bueno de la vida es que todos pensemos diferente. Eso sí, que vivas y pienses distinto que yo, no te anula, ni te descalifica, ni te denigra, ni te hace menos que nadie y mucho menos es motivo para que no podamos convivir en paz, respetando y tolerando a cada uno, sea como sea, piense como piense y viva como viva.

Quiero creer que se puede, pero no depende solo de mi.

4 comentarios sobre “De la tolerancia y el futuro

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  1. Llego tarde,
    Pero déjame decirte que la disputa entre diferentes puntos de vista siempre es regida por el que no entiende el punto de vista y lo interpreta cómo una amenaza. Y no solo eso, creo que bueno, la tolerancia es más de indagar, de no quedarse en lo superfluo, ni en las meras conversaciones de barrio. ¡hasta ahí podríamos llegar! quedarnos unicamente con lo que nos dicen, en una era en la que somos bastos de información. La tolerancia va mucho más allá del vocabulario yo que es una introspección de uno mismo para entender al otro. Por que no es lo mismo un francés que un español (por poner un ejemplo, vaya) que aquí los extrajeros están vistos como mucho para ser atacados, puede que en Francia se les vea como un colectivo del que sacar provecho e invertir en educación, ayudas, …etc pero a veces creo que, se hace solo para callar y tener contento a los pocos que se conforman. Y de vuelta al vocabulario, creo que es remediable, si no tuviera solución, sería innegable que sería penoso. Yo, solo cómo dato, apunto las las palabras que voy leyendo en lo libros, no me quedo con la corrección del Word, indago en su correcta escritura. Pero si podemos enseñar, qué problema hay. Creen que es difícil pero solo hay que coger el gusto y costumbre. Y añado a la sociedad complaciente e impaciente de llegar a extremos demasiado rápido para llegar a la cima. Sus motivos tendrán, para querer llegar antes, pero no les augura buen presagio. Bueno, le dije usted que pasaría y se me olvida pasar por Bloguers siempre, así que hoy estoy aquí. Y puede que con faltas de ortografía, pero lo sigo intentando.

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    1. ¡Hola! Y muchas gracias por tu lectura y tus comentarios. Entiendo perfectamente lo que me comentas, solo quiero hacer una apreciación que me parece importante. Mucho de lo que describes con acierto en tu comentario sucede en Europa y en países desarrollados, recuerda que la realidad que yo describo e intento desentramar ocurre en Sudamérica, más precisamente en las márgenes del Río de la Plata, Uruguay y Argentina. Y créeme que la idiosincracia y forma de vida de los rioplatenses es muy diferente a la europea, más allá de las cuestiones comunes que podamos tener con España específicamente.
      No puedo hablar de la realidad europea porque no la conozco, aunque imagino que muchas cuestiones que atañen a la esencia del ser humano, sean iguales en cualquier circunstancia y en cualquier lugar o cultura.
      Saludos cordiales.

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      1. Bueno, comencemos por no decir qué es desarrollado y qué no. Me ha molestado porque yo creo que Latinoamérica es rica, culta, etc más allá del barrio. Pero entonces no creo que por estar faltos por poner un ejemplo de libros no haya gente a la que le interese la lectura. No sé. Yo me fijaría en los que sí se interesan y poner mecanismo para que haya curiosidad sobre todo en los jóvenes. Hay de todo en Europa. Pero más allá de los que ni siquiera lo intentan se podría tomar cartas en el asunto. Entonces, qué puedes hacer tú qué estás allí, en Uruguay o Angentina y estás viendo lo que sucede dentro de tus posibilidades. Creo yo, y lo que puedas con las situaciones. Muchas veces me he preguntado como podría ayudar a los más pequeños. Pero creo que más que quejarnos debemos tomar acción. Quiza sea una buena motivación a lo bueno.

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      2. Es un tema muy profundo, imposible de abarcar en este espacio. Pero hay algunos detalles importantes que me parece, no logras captar. Yo no hablo en ningún momento de Latinoamérica (la cual es culturalmente muy prolífica), en mi artículo me refiero únicamente a la situación que actualmente se vive en mi país (Uruguay) y también en la Argentina. Lugares donde, claramente se vive un proceso de deterioro social, cívico y cultural, pero no a nivel de las artes y/o sus expresiones, sino a nivel de la población y su interacción.
        Es, sin dudas, un fenómeno muy complejo y al mismo tiempo palpable en el diario vivir, donde se suceden un sinnúmero de situaciones en las que reinan la falta de respeto hacia el otro, la falta de tolerancia hacia el pensamiento ajeno, una actitud acomodaticia por parte de una gran porción de la población que pretende, que todas sus vicisitudes sean resueltas por el estado, entre muchas otras que conforman un combo que no genera mucho optimismo a mediano y largo plazo. Lamentablemente, los jóvenes de nuestros países viven con la idea fija en emigrar una vez terminan sus estudios y esto complica aun más la realidad de países que tienden a consolidar poblaciones envejecidas y mano de obra poco calificada.
        Obviamente que lo más importante es pasar a la acción, de hecho, uno de los principales motivos por los que escribo en Letras Fernandinas es ese, promover la reflexión y el intercambio, muy lejos de solo observar y quedarme callado. Claro, es muy poco con respecto a la realidad que nos circunda, por eso lo refuerzo desde mi trabajo profesional, intentando predicar con el ejemplo y tratando de ser cada día un mejor profesional y una mejor persona. Lo mismo le inculco a mi hijo a diario, pero a veces, la realidad general te supera y no encuentras la forma de generar un aporte mayor.
        Te aseguro que la realidad que se vive en Europa es muy, pero muy diferente a la nuestra (y reitero que hablo únicamente del Río de la Plata, no de Latinoamérica en su conjunto), desde todo punto de vista, pero principalmente desde el social. Tengo muchos conocidos que viajan a menudo y cada vez que retornan al país expresan lo mismo, que socialmente hemos retrocedido décadas con respecto al resto del mundo.
        Te aclaro además, que mi visión no es catastrófica, te lo aseguro, simplemente pinto una realidad con la que convivimos a diario y que en la medida que promovamos la reflexión y la autocrítica seria y madura, podremos superar, de lo contrario, prepárense en el norte porque el aluvión de personas que van a recibir en la próxima década desde estas tierras, no será para nada menor.
        Saludos cordiales y muchas gracias por compartir tus impresiones.

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