Sobre Fahrenheit 451

Desde hace unos meses estoy participando en un club de lectura de mi ciudad, llamado “Lectores Maldonautas” y a quienes, a propósito, ya dediqué un texto aquí, en Letras Fernandinas. Estar allí es una experiencia increíble, que se la recomiendo a todos aquellos que gusten de la lectura y de comentar luego sus puntos de vista. Participando en un grupo así se crece muchísimo, se aprende de los aportes de los demás y por sobre todo, se socializa con gente que valora el buen intercambio.

Leemos un libro por mes, que surge de la votación entre varios títulos pertenecientes al género que corresponda, dentro del calendario estipulado a principios de año, Y efectivamente el libro que nos tocó en Abril fue Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

Como se imaginarán, la lectura de este clásico de la ciencia ficción fue todo un placer, a pesar y para ser sincero, de que algunos pasajes se me hicieron un poco pesados y no fluyeron tanto como otros, pero la obra en general me pareció estupenda, como no podía ser de otra manera, tratándose de un escritor como Bradbury y de una novela que tiene millones de seguidores en el mundo entero.

Lo que escribo a continuación es un posteo que hice en el grupo de Facebook del club, con mi reseña de lo que pensaba acerca de los aspectos más filosóficos de la obra, aquí se los dejo:

Fue muy interesante ver que el debate de ayer tuvo más de filosófico que de literario y no creo que haya sido casualidad que el género en discusión fuera Ciencia Ficción. Está claro que la realidad siempre supera a la ficción, por más profusa que sea la imaginación del autor. El hombre (como género) siempre llegará con su accionar, a límites que traspasarán las barreras de lo imaginado y quizás, hasta de la propia cordura.

Pero los escritores tienen en la ciencia ficción una herramienta muy efectiva para “denunciar” ciertos aspectos de la vida en sociedad, y aquí Bradbury los utilizó magistralmente para desnudar algunos aspectos de la sociedad norteamericana de posguerra, que sintiéndose no solo vencedora, sino también invencible, tiende (como sucede cuando se vive “en comodidad”) hacia la banalización.

Yo no sé qué está primero, si el huevo o la gallina. Quiero decir, no estoy seguro de que sea el sistema (o gobierno totalitario de la novela) quien reduce a las personas a meros autómatas que viven a expensas de un aparato propagandístico audiovisual, o si por el contrario, lo que hace el sistema, es aprovechar una “tendencia” (hoy que está tan de moda este término) en el modo de vivir que eligen los ciudadanos para darles justamente aquello que quieren consumir. El fin es el mismo, pero el método, es bien diferente, porque el espiral no es de arriba hacia abajo, sino al revés.

El ser humano es muy predecible en esos aspectos, lo han demostrado hasta el cansancio los algoritmos actuales, que tienen a billones de personas idiotizadas frente a sus pantallas, consumiendo un contenido que no aporta más que una pérdida de tiempo. Pero resulta que esos billones no pueden salir del círculo, no pueden ni quieren retirar la mirada y observar a su alrededor, ¿por qué? ¿Porque el sistema los obliga? ¿Porque no hay otras alternativas? ¿Porque son expulsados o eliminados del sistema si lo hacen? No. Alternativas sobran. Hay vida más allá de las redes sociales, de la tele y de Netflix, pero claro, en esa vida tengo que convivir conmigo mismo y eso quizás, no esté tan bueno. Entonces es probable que seamos nosotros mismos quienes le hacemos muy fácil la tarea al sistema y que hasta una simple cadena de códigos sea capaz de predecir cuáles serán nuestros próximos pasos, nuestros próximos deseos y nuestros próximos sueños. Da para reflexionarlo.

La novela se publicó en el 53, pretendiendo describir una Norteamérica del futuro, que no solo tuviera los rasgos que Bradbury empezaba a ver en su momento, sino que los exagerara y los llevara tan allá como la modernidad lo hiciera posible. Es magistral la capacidad del autor para observar y definir algunos aspectos que hoy día, casi 60 años después, conviven con nosotros con total normalidad: pantallas de TV casi que del tamaño de paredes completas, auriculares inalámbricos, redes sociales que permiten interactuar con personas que están a miles de kilómetros, como si estuviesen en la misma habitación, drones (él los llamó helicópteros por obvias razones, pero seguro que se imaginaba algo parecido a los aparatos actuales), autos que circulan a altísimas velocidades, gente que prefiere no leer, ni pensar, ni cuestionar, ni observar, etc., etc.

Entonces, quizás sea posible que Bradbury haya escrito sobre un hombre que intenta escapar de sí mismo, porque no tiene el valor de enfrentarse a la vida y lo que ella le presente, o no tiene el valor de tomar decisiones y prefiere que otros las tomen por él, y así mantenerse en el cómodo lugar de la crítica y no en el trabajoso de la acción. 

Quizás el autor haya querido mostrarnos de lo que es capaz un sistema que se retroalimenta a sí mismo, y que en definitiva sirve para que unos pocos utilicen a muchos para alcanzar sus fines, y que estos muchos, no solo lo hagan a gusto, sino que además sientan que son felices en el trayecto. ¡Ojo! Este sistema del que hablo no es una dictadura, no lo necesita, de hecho funciona mucho mejor en una democracia, porque para que la felicidad sea tal, las personas deben creer y sentir que viven en libertad.

Quizás la novela nos muestre el poder transformador de la palabra escrita y nos deje bien en claro, que ella es el único antídoto para luchar contra la opresión de cualquier sistema. Pero claro, la vacuna es efectiva siempre que se aplique y para ello, las personas deben “querer” y “hacer”, de lo contrario seguirán siendo simples marionetas, muy fáciles de manejar por aquellos que no tengan más escrúpulos que su propio beneficio.

Incluso en el final, Bradbury decide arrojar una bomba atómica sobre la ciudad y acabar con toda la vida sobre ella, dejando a unos pocos intelectuales (dueños del conocimiento, el pensamiento crítico y la razón) con vida y con la misión de empezar todo de nuevo. ¿Será capaz el hombre de hacer las cosas de otra forma? ¿O terminará siempre de la misma manera, con unos pocos inescrupulosos dominando a muchos felices dominados? 

¿Ustedes qué piensan?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: