De la duda y el ser

Llegué a la filosofía buscando respuestas y terminé sumergido en un mar de infinitas preguntas.

El paso del tiempo y la acumulación de lecturas y reflexiones me enseñó a disfrutar, quizás a mi modo, de los cuestionamientos y a interpretar que es mucho más productiva una pregunta clave en el momento indicado, que encontrar al fin una respuesta y descubrir que por más que ésta lo intente, generalmente no alcanza a abarcar la profundidad de la duda que la produjo.

Y entonces llega el momento en que te preguntas a ti mismo: ¿existe una vida sin cuestionamientos? ¿Es posible crecer interiormente sin dudar de lo establecido? Pero, ¿adónde te lleva esa vida?

Y claro, ese día elevas la mirada hacia el horizonte y te percatas de que estás solo, surcando los mares del pensamiento crítico, lejos de todo puerto protector. Y si te observas a ti mismo, es probable que descubras en el alma varias cicatrices, causa de insondables batallas contra mares de ideas embravecidos o que luzcas el semblante fuertemente bronceado, por los aciagos soles de la calma chicha. Sabes entonces que partiste y también, que no habrá retorno.

¿Que si es más fácil una vida de aceptación, resignación y acatamiento? A estas alturas ya no lo sé, es más, ni siquiera estoy seguro de haber logrado transitar alguna vez por esos derroteros, pero sí tengo claro que terminar cuestionando temas que nos son sensibles y que increpan nuestras creencias fundamentales, no es nada sencillo.

Observas la fe en los demás por ejemplo, y te preguntas por qué no puedes sentirla, por qué no eres capaz de abrazar esa idea sin cuestionamientos y entregarte en cuerpo y alma a su merced. ¡Y liberarte! Pero no, tu esencia cuestiona y tu razón exige argumentos más firmes que la mera aceptación de una idea, por más trascendental que ésta sea. Y envidias esa fuerza inconmutable que transmite la verdadera fe a quien la siente y la practica.

Envidias porque no puedes más que cuestionarte, y al hacerlo, chocas una y otra vez contra las fallas y las contradicciones de los hombres. ¿Cómo puedes creer ciegamente entonces, en algo que arrastra tantas inconsistencias? Es muy difícil, al menos para mi, e implicaría una suerte de pensamiento mágico que permitiera responder en un plano hipotético e inmaterial a cuestiones que no se sostienen en nuestro mundo terrenal, donde pretenden ser aplicadas.

Comprendes que el camino de la vida ha sido, es y será el mismo para todos, a pesar de las épocas y a pesar de las culturas. Todos finalmente terminamos haciéndonos las mismas preguntas existenciales: ¿para qué estamos aquí? ¿Cuál es nuestra razón de ser en esta vida? ¿Qué quiero? ¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Por qué morimos? ¿Adónde vamos cuando morimos? ¿Cuál es el sentido de este pasaje por la vida? ¿Existe Dios? ¿Qué es el alma? Etc., etc.

El grado de compromiso y responsabilidad —para contigo mismo— que impliques en la reflexión de esas cuestiones, determinará tu camino en esta vida y el viaje será más o menos llevadero, de acuerdo a qué tanto te esmeres por comprenderlas, no a través de ir encontrando respuestas, porque ciertamente para muchas de ellas no las hay, sino por las distintas reflexiones que provocarán en ti, la infinidad de preguntas que irán surgiendo sin cesar.

Cuando ejercemos este mecanismo de la duda, tendemos a ser vistos, y a sentirnos incluso muchas veces, como escepticistas. Puede ser, sí, quizás, un poco, porque en definitiva uno tiende a dudar de lo establecido o de lo aceptado por los demás, o tiende directamente a buscar una alternativa o a tratar de descubrir si ésta existe. Pero ello no te transforma en un negativo desde el punto de vista existencial, porque en el fondo lo que arrecia es pura vida y puro interés por comprender a cabalidad, por tratar de alcanzar esa paz utópica a la que aspira nuestro entendimiento.

Podríamos aprender muchísimo de Oriente, nos llevan mucha ventaja en todas estas cuestiones existencialistas, incluso sus teorías metafísicas, filosóficas y espirituales son bastante más realistas, comprensibles y hasta aceptables en varios puntos, que las que dominan al mundo occidental, pero claro, nacimos en occidente no en oriente y por tanto, la plena aplicación de sus filosofías es bastante complicada cuando choca de bruces contra nuestras idiosincrasias y costumbres. Aún así, abrevar en las aguas del Budismo, del Taoísmo y del Zen, puede arrojar luz sobre muchas cuestiones por las que en occidente tendemos a complicarnos bastante más de la cuenta.

Para finalizar y dar vuelta, de alguna forma, la frase con la que inicié este texto, que puede llegar a tener un dejo de escepticismo, congoja, sufrimiento y hasta desazón podría decirse por parte de algunos, quiero decir que este camino de la duda y la avidez de conocimiento, que ha insumido muchos años de mi vida, es el que me ha transformado en lo que hoy soy y muy lejos estoy de renegar por el trayecto ni por lo logrado, al contrario, creo estar convencido de que no existe otro camino, al menos para mi y para mi forma de interpretar la realidad que me circunda.

“En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras”.

Bertrand Russell (1872-1970). Filósofo, matemático y escritor británico.
Premio Nobel en Literatura en 1950.

6 comentarios sobre “De la duda y el ser

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  1. Leo con atención todo lo que dices, interpretando desde mi lugar cada pregunta y concuerdo en que muchas veces tenemos tantas y tantas interrogantes, que terminamos confundiéndonos más. He leído todo lo que he podido para saber otros puntos de vista, el de otras personas porque siempre tengo alguna duda, así es que en cuanto a religión, o sea, a creer en un ser Superior, me costó muchísimo llegar a tener Fé. Sabes?, he terminado por sentirlo todo a mi modo, desde lo que soy, desde lo que siento y llegué a la conclusión en que lo mejor es tratar de ser buena persona con todo el mundo, me crean y me quieran o no. Hacer lo posible por aceptar las cosas como se dan, como vienen y sacar en lo posible el mensaje que puedan traerme y dejar libre, que todo sea como es en cada día que si ese Ser Superior así lo destinó para mi, será que es lo mejor para mí misma o para quienes me rodean. Un gran abrazo amigo y gracias por ser y todo lo que compartes.

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    1. Qué bueno lo que comentas Blanca, muchas gracias. No somos pocos los que transitamos esta vida con hambre de conocimiento y con espíritu crítico, en cuanto a encontrar las razones de muchas cosas, será que nos obliga nuestra forma de pensar, o que directamente somos así “de fábrica”, es algo que seguramente nunca terminaremos de tener claro. Eso sí, somos fieles a nuestras convicciones y eso permite que el camino sea lindo de recorrer. Me encantó tu conclusión de tratar de ser buena persona, te cuento que en eso coincidimos completamente, si hay algo que he aprendido en este viaje es eso, aplicar el imperativo categórico de Kant a rajatabla, “sé con los demás, de la misma forma que pretendes que sean contigo”. Eso mismo trato de inculcarle a mi hijo y a quienes me rodean, porque entiendo que no hay otra forma de vivir armoniosamente en sociedad si no nos respetamos unos a otros. De nuevo, muchas gracias por el intercambio, es lo que hace rico a este espacio y lo que nos permite nutrirnos de los puntos de vista de los demás. ¡Saludos!

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  2. HOLA,
    estoy de acuerdo con lo que dices de esos mares de preguntas. A lo largo de una vida siempre se acaba haciendo preguntas, ya sea por inercia o porque repetimos los mismos actos. Bueno, yo diria que no es la pregunta en sí, sino qué tipo de pregunta nos hacemos. A lo que le llamamos hacernos las preguntas correctas. Es cierto que a veces uno puede encerrarse en una pasión por no ser aceptado por ese sentimiento de acogido del exterior pero sí, es mucho más satisfactorio saber que esa pasión es eso: que te llena de pasión. Y muchos no lo entenderán pero quizá lo mejor es rodearse de esa gente que acepta esa pasión ¿no? cómo lo ves? perdón, se me pasó una publicacion tuya. voy a ver si la encuentro. saludos!!

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    1. Hola, gracias por tus palabras. Sí, la búsqueda que describo obedece a una necesidad de conocimiento que arrastramos. Conocimiento que puede abarcar muchas facetas de nuestras vidas, desde las intelectuales hasta las más espirituales y filosóficas. Creo que quienes vagamos por la vida con ese hambre permanente por saber y comprender un poco más, terminamos encontrando en las preguntas, la verdadera clave para la reflexión. Saludos!

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