Grillo de Luna

Sabía que su instrumento era el único puente que unirlo a ella podría, cuidadosamente lo afinaba cada día, al tiempo que en clave de a dos, su son componía.

Su amor era platónico y no correspondido, pero a él no le importaba. En pos de cautivarla, jamás su esfuerzo cejaba. Y aún en las noches en que ella se ausentaba, el grillo una y otra vez, su canto ensayaba.

Enamorado vivía, soñando que el éter su canto expandía, junto a la dulce melodía que sus alas, noche a noche batían.

Los demás no comprendían, sus sueños de amor en utopía, le decían “el loco” que a la Luna anhelaba, cuando bien claro quedaba, que un grillo podría jamás, aspirar a un amor tan tirano, lejano y audaz.

¿Qué saben ellos de amor? Se preguntaba el grillo, con pena, pero sin rencor.

¡Si supieran lo que es esperar, cada noche y solo para verla pasar, majestuosa, altanera e ingrata; envuelta en su traje de alpaca, regalando a su paso, caracolas bañadas en plata!

Qué importaba que hablaran, al grillo eso nada le hacía, él solo una cosa quería, esperar el final cada día y recibir a la noche desnuda, envolverse en su oscura negrura y cantarle en el viento, a su amada la Luna.

6 comentarios sobre “Grillo de Luna

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