¡No somos infalibles!

Una de las cosas sobre las que he reflexionado e investigado mucho, es ¿por qué fallamos generalmente, cuando emprendemos algún desafío con objetivos que queremos alcanzar o lograr?

El proceso, pasos más, pasos menos, es generalmente el mismo. Nos percatamos de algo que nos disgusta, o algo que quisiéramos modificar o mejorar, o tenemos alguna idea repentina sobre algo que nos gustaría alcanzar como meta. Algunos ejemplos: quiero bajar 10 kilos, quiero hacer ejercicio regularmente para marcar los músculos y los abdominales, quiero correr una 10K o una maratón, quiero escribir una novela, quiero ser más organizado, quiero aprender a tocar un instrumento, quiero pintar, quiero levantarme temprano, quiero meditar, quiero cocinar yo mismo para no pedir tanto delivery, etc., etc..

Casi por regla general, nuestros objetivos son importantes, quiero decir, que sólo visualizan el final de un trayecto que normalmente requiere un período de tiempo, dedicación y esfuerzo para ser recorrido exitosamente. Esto no es menor, porque la mayoría de las veces pensamos en el resultado final, sin tener en cuenta todo lo que se necesita en medio para alcanzarlo. Incluso, sin tener en cuenta si estamos dispuestos a realizar los sacrificios necesarios para obtener tales fines, porque los habrá, sin excepciones.

Para obtener una cosa debo sacrificar otra, esto es una ley de la naturaleza, nada se consigue sin esfuerzo y sin dedicación.

Ahora bien, una de las conclusiones a las que he podido arribar con el tiempo, es que mucho tiene que ver el cómo visualizamos en nuestra mente a esos sacrificios que debemos realizar, o sea, con qué disposición y actitud mental encaramos esos esfuerzos antes de comenzar.

Y esto, a su vez, está directamente relacionado con el objetivo que pretendemos alcanzar, no con el fin mismo, sino con el objetivo que hemos creado en nuestra mente, con esa imagen que visualizamos y que es la que nos está motivando, ya que la correcta unión de ambas cosas —un objetivo claro y una disposición y actitud positivas—, puede marcar el éxito o el fracaso del emprendimiento, aun antes de haber comenzado.

No se puede decorar la casa sin haberla construido previamente, no se puede tocar “Starway to heaven” de Led Zepellin sin haber aprendido antes a tocar la guitarra, no se puede escribir una novela sin el hábito de escribir a diario y sin la planificación y estructuración necesarias, no se bajan 10 kilos sin hacer dieta, ni se corre una 10K y mucho menos una maratón, sin el entrenamiento previo y cotidiano necesario.

¿Qué quiere decir esto? Que la práctica es fundamental para lo que sea que queramos desarrollar o alcanzar y es en la práctica justamente, donde aparecen indefectiblemente los obstáculos, esos cerros mentales que debemos trepar si pretendemos llegar a la meta, esos “demonios internos” —como me gusta decirle a los pensamientos negativos que siempre me asaltan cuando salgo a correr solo y que hacen su mejor esfuerzo para que me rinda y abandone cuanto antes— que no tienen otro objetivo más que boicotear lo que sea que te estés proponiendo hacer o conseguir.

Este proceso de euforia al momento de concebir la idea y encarar el desafío, seguido por un arranque a todo vapor en el que sea cual sea el esfuerzo que pongamos, siempre nos va a parecer poco, continúa con la llegada del primer obstáculo, al cual si logramos sortear sin heridas graves —metafóricamente hablando—, le seguirán otros seguramente más convincentes y con variedad de argumentos muy bien fundamentados, que te obsequiarán mil y una excusas para rendirte, o tirar la toalla, o simplemente convencerte de que aquella genial idea —que sí era y será siempre genial, por la sencilla razón de que es lo que tú quieres en realidad— no era para ti, o no era el momento adecuado, o peor aun, porque no estás hecho para eso, o no tienes todo lo que hay que tener para salir adelante, o todo lo que sea que tu mente te haga creer para que dejes de intentarlo y vuelvas a la comodidad de lo conocido y ya establecido. Así funciona nuestro cerebro, el verdadero enemigo íntimo a vencer si queremos salir adelante con lo que nos propongamos.

Entonces, si sabemos todo esto —porque más acá o más allá, todos hemos pasado por este proceso—, ¿por qué seguimos fallando una y otra vez?

No tengo una respuesta definitiva ni una fórmula para el éxito, pero de tanto leer,  investigar y reflexionar sobre el tema, entendí que una de las principales cuestiones que nos juegan en contra es la búsqueda de la infalibilidad  —lo cual se agrava mucho más, cuanto más grande sea la cantidad de intentos fallidos que tengamos en nuestro haber—; es esa necesidad de no fallar que sentimos al inicio, de no poder dejar ni un sólo cabo suelto para poder controlar todo el proceso sin sucumbir.

Y eso es precisamente lo que nos juega en contra mentalmente, porque nos deja sin margen de error justo cuando damos los primeros pasos y cuando es natural que nos equivoquemos, que dudemos o que descubramos alguna flaqueza. Es como si no tuviésemos la capacidad de perdonarnos a nosotros mismos, como si no pudiésemos ser indulgentes con nuestro propio esfuerzo.

¡No somos infalibles!

Esto es lo primero que tenemos que entender antes de emprender cualquier cosa.

Los caminos que llevan al éxito son tortuosos, llenos de obstáculos y desafíos externos e internos, por lo que es imprescindible que antes de lanzarnos nos aliemos con nosotros mismos y seamos capaces de permitirnos y perdonarnos los errores que sí cometeremos, las flaquezas que sí llegarán, las dudas que nos asaltarán y los miedos que nos acorralarán, porque si no somos capaces de entender que no somos perfectos, que no somos infalibles, que sí vamos a flaquear y que sí vamos a fallar, entonces no habrá forma de alcanzar la meta o el final del camino, porque no hay peor enemigo que nosotros mismos.

Si quiero meditar, debo hacerlo todos los días para crear el hábito y para obtener los beneficios de esa práctica, pero si por las razones que sean, no pude meditar un día, o dos, o tres, eso no es razón para abandonar, es razón para persistir, para entender que no tenemos aun toda la disciplina necesaria, pero que a medida que retomemos el camino, aunque nos alejemos de él transitoriamente, estaremos siempre más cerca del objetivo final.

Todos podemos lograr lo que sea que nos propongamos, el hombre es un ser superviviente y capaz de superar cualquier obstáculo que se interponga en su camino, siempre y cuando tenga —y use— las herramientas emocionales y mentales para hacerlo.

No busques ni esperes la perfección, lánzate tras tus sueños, no pienses tanto, haz más, no seas implacable contigo mismo, se indulgente y recuerda, que no somos infalibles.

Mientras tanto, yo sigo intentándolo.

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