Al Maestro, con cariño.

Así se titula una de las mejores películas protagonizadas por Sidney Poitier en el año 1967, que con sus obvias diferencias de época, mantiene aun vigentes varios de sus aspectos en cuanto a educación. A quienes no la hayan visto, vale la pena darse una vuelta por Internet y hacerlo.

Seguramente todos tenemos un Maestro — con mayúsculas — que marcó nuestra infancia y dejó su legado indeleble en nuestra memoria, y como yo no voy a ser la excepción a la regla, también tengo el mío. Aunque mucho me temo no ser precisamente muy original en la elección, ya que este Maestro en cuestión, marcó la infancia y la vida de muchas personas en mi ciudad natal de San Fernando de Maldonado — Departamento de Maldonado, Uruguay — .

Juan Ramón Suárez o sencillamente “El Maestro” como lo llamábamos todos quienes alguna vez tuvimos la suerte y la dicha de ser sus alumnos — yo las tuve por duplicado, en segundo y en sexto año de primaria — era, además de excelente docente y gran orador, un ser humano especial, un alma transparente, un hombre de valores y principios fuertemente arraigados, un padre ejemplar, un hijo agradecido, un compañero de ley y un amigo fiel.

Hoy, 24 de Junio de 2018, se cumple un año de su partida física y hago hincapié en este aspecto, porque El Maestro se fue sólo físicamente; su alma, su legado y su impronta están y seguirán estando por siempre, entre todos quienes lo conocimos y quisimos — queremos — como él lo merecía.

Como ferviente amante de la gesta Artiguista, Juan Ramón hipnotizaba con sus palabras a todos los niños, padres, funcionarios y amigos del querido Colegio Vírgen del Santander, en cada uno de los actos patrios que allí se celebraban. Cada vez que la ronca y gastada voz del Maestro se alzaba para darnos algunas pinceladas de historia y realidad, el auditorio quedaba absorto y en silencio hasta que el punto final de sus palabras, daba pie a una ola de aplausos que surgían espontáneos, como muestra de reconocimiento ante tanto saber y capacidad para comunicar.

El Maestro me enseñó — nos enseñó, mejor dicho — no sólo con sus clases y sus palabras, sino también con su ejemplo. Hombre intachable y trabajador, respetuoso de las formas, justo, digno y agradecido. Reivindicó orgulloso su origen rural y humilde, valorando siempre que pudo el esfuerzo de sus padres y hermanos por salir adelante a pesar de las dificultades, y nos demostró con su vivo ejemplo, que querer era poder. Él, el niño pobre de la campaña, que desde muy pequeño trabajó en el campo para ayudar y acompañar a su familia, había logrado llegar a la ciudad para estudiar y volcar su vocación en los niños y jóvenes que a la postre seríamos sus alumnos. No hay mejor forma de educar que mediante el ejemplo.

De más grande tuve la suerte de poder interactuar con él a otro nivel, pudiendo hablar cada vez que nos encontrábamos, de cosas más profundas y existenciales. Conversaciones que siempre disfruté y que no hacían más que demostrarme, una y otra vez, que estaba ante un ser especial, que contagiaba con su pasión por todo lo que arremetía. El sólo mencionarle a Artigas daba pie a una pequeña clase de historia y actualidad, porque no le era difícil extrapolar el ideario Artiguista a nuestra época, y marcar lo diferente que podrían ser las cosas si se les prestara más atención a las palabras e ideas del prócer.

Tuve y tengo la suerte también de conocer a su familia, a Gretel su querida esposa — también maestra de vocación y corazón —, a Richard su primogénito, a Estéban — un gran y querido amigo — y a su preciada hija menor, Andrea. Conocerlos a todos ellos me entregó una muestra más de lo que fue el querido Maestro, porque esa familia es un fiel reflejo de todo lo que aquel hombre predicaba en palabra y acción. Son personas de bien, trabajadoras, confiables y muy entrañables. A ellos, mi saludo en este día.

No quería dejar pasar esta fecha sin dedicarle unas palabras al querido Juan Ramón, al inolvidable Maestro, a quién con mucho dolor despedí el año pasado, compartiendo el pesar con su familia y con el resto de la comunidad que conocía y reconocía al gran hombre que partía, sólo para hacer crecer aun más su figura en nuestros corazones y en nuestra memoria.

Y como creo también en las sincronicidades de la vida, el Maestro partió de esta tierra, el mismo día en que mientras aun estaba con nosotros, festejábamos en mi familia, año a año, el cumpleaños de mi querido y extrañado abuelo Juan Carlos Gadea. No hay relación aparente entre ambos hechos, no para los demás seguramente, pero para mi, es y seguirá siendo siempre una fecha muy especial, porque me permitirá recordar a dos personas que quise y quiero mucho, y que fueron referentes importantes en mi vida.

Al Maestro, con cariño, mi recuerdo.

A mi abuelo, con amor, mi eterna devoción.

 

 

2 comentarios sobre “Al Maestro, con cariño.

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  1. Querido José Luis. ¡Qué hermosas y sentidas palabras! Nos llevaron hasta las lágrimas…..emociona mucho todo lo que papá generaba y aún genera en quienes tuvieron la dicha de conocerlo. Sin lugar a dudas su ausencia física, solo fisica, como bien dijiste,duele y mucho, pero nos consuela saber que en cada uno de nosotros y en cada uno de ustedes aún sigue y seguirá vivo. Gracias de corazón.

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    1. Gracias Andrea, escribí porque creo que el Maestro se lo merece. Me alegra mucho que les haya gustado y que se hayan emocionado, todo se dijo desde el corazón. Guardaremos su recuerdo y su legado con mucho amor. Envíale un beso muy grande a tu Mamá y a Richard, ya me comuniqué con Esteban.
      Cariños

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