El sonido del OM

Hay música en mí, hay vibración, soy el origen de cada sonido.

Por milenios he penetrado la esencia de cada ser que me invoca, he traspasado su cuerpo y su espíritu y generado armonía en cada una de sus células, he sido el canal a través del cual esa energía vital se funde con el universo.  Un universo que procede de mí, que descansa en mí y se disuelve en mí.

Por milenios el hombre me ha buscado, no siempre con éxito. A medida que su evolución lo eleva en la escala material, lo aleja de mí en el plano espiritual, creando una paradoja existencial que se alimenta a sí misma. Soy el instrumento más sencillo para alcanzar el tan ansiado equilibrio, pero a medida que crece, el hombre se las ingenia para complicar lo elemental. En su desquiciado afán el hombre me mira, pero no me ve; me escucha, pero no me oye; me pronuncia, pero no me invoca.

¿Por qué soy tan invisible a sus ojos, tan esquivo a sus deseos?

¡Porque no está presente!

Pobre, no se da cuenta que vive sin vivir, que su mente no está donde su cuerpo, que su energía no corre en el mismo sentido que sus anhelos. No se percata de que es sólo una sombra vagando sin rumbo, al ritmo de un sistema que sólo pretende producir sin pausas, para colmar los infinitos deseos de la insatisfacción crónica.

Pobre, no se da cuenta de que ante el universo, viste las ropas de un bufón cada vez que se entrega a los brazos de una moda, sólo porque ella le hizo creer que en la estética está el cambio; cuando el verdadero cambio está adentro, donde no se ve, o mejor dicho, donde sólo él lo ve. Pero claro, para poder ver hay que mirar con los ojos bien abiertos,  hay que mirar hacia adentro y despejar la maleza que oculta el paisaje.

Respira hombre, respira. Empieza por lo más sencillo, aunque el ejercicio te parezca vano. Siente que estás vivo y que tus pies se apoyan en la tierra firme, antes de pretender elevarte. Abre tu corazón, permítete ser tú mismo antes de hacer lo que el otro. Detente, deja de correr detrás de la manada, mira a tu lado y repara en quienes van contigo, porque quizás cuando lo hagas sea tarde y hayas llegado al final del camino, sin haber disfrutado del recorrido. Míralos, pregúntales, escúchales, cuéntales, pero estando presente, no en cuerpo, sino en espíritu.

Hombre, tómate tu tiempo para cada cosa, no pretendas solucionar todo al unísono. Concéntrate y encuentra en cada acto la gracia de hacer, de crear, de modificar, de corregir; hazlo en conciencia y empezarás a sentirme poco a poco. No estoy tan lejos, sólo que no me permites llegar a ti.

Cuando logres detenerte y disfrutar de cada momento vital, empezarás a sentir mi vibración permanentemente y mi música eterna te envolverá en sensaciones. Finalmente mi sonido te hará sentir como en casa, porque en realidad, siempre fuimos uno.

 

 

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