¿Atrapamos el instante?

Cada día que pasa reafirma la sensación de que el tiempo se me escabulle entre los dedos y más allá de que obviamente no logro atraparlo, muchas veces siento que todo lo que transcurre a través de él, se esfuma para no volver. Es la comprobación tácita de lo efímero de las cosas.

Esta eterna realidad le otorga a la memoria un sitial de privilegio en nuestras ajetreadas vidas, porque dependemos directamente de ella para luego poder atesorar lo vivido. Al menos eso es lo que todos creemos, ¿verdad? Pues bien, si esto es así, me surge entonces, una reflexión al respecto de nuestra actual forma de vivir.

Cada vez que asistimos a un evento social, familiar, cultural, político, deportivo o de cualquier índole, debatimos internamente si concentrarnos debidamente en lo que acontece y disfrutarlo a cabalidad, o estar atentos y pendientes de registrarlo a través de algún dispositivo digital para poder disponer del mismo en un futuro — amén del hecho de poder compartirlo vía redes sociales, con todos aquellos que no están allí en ese momento —.

Cuando esto sucede  — y por cierto sucede constantemente y ante hechos que a priori, no  merecerían más que un mero comentario al pasar —, ¿estamos dudando de la capacidad de nuestra memoria para atesorar esos instantes? ¿No estamos conformes con la forma en que nuestra memoria registra lo vivido para representarlo más adelante? ¿O en realidad pretendemos REvivir esos momentos en un futuro, casi que del mismo modo en que lo hacemos — o deberíamos hacerlo — en tiempo presente?

¿Somos conscientes de esto que nos sucede y del modo en que actuamos? ¿Por qué nos empeñamos en registrar prácticamente cualquier cosa que pasa frente a nuestras narices — y ni hablamos ya de los momentos importantes de nuestras vidas —? ¿Cuál es exactamente ese futuro en el que dispondremos del tiempo real para poder REvivir todos esos momentos que hoy registramos? Estos recuerdos casuales, ¿tendrán en ese futuro el valor suficiente como para ocupar un tiempo que de por sí, es cada vez más escaso? Y si no es para nosotros, entonces, ¿para qué, o para quiénes estamos registrando frenéticamente el diario transcurrir de nuestras vidas?

Son todas preguntas existenciales, pero muy válidas, porque si las meditamos un poco, pueden llegar a echar luz sobre un fenómeno que se repite constantemente en nuestras vidas de comienzos del siglo XXI.

¿Qué pretendemos realmente?

Obviamente no somos plenamente conscientes de la respuesta.

¿Es mejor fotografiar o filmar un hermoso atardecer, o entregarme en cuerpo y alma a disfrutarlo con todos mis sentidos? ¿Es mejor guardar un registro fílmico del primer baile de fin de cursos de mi hijo, o dejar que la emoción me invada al verlo y disfrutarlo en ese momento único de su vida — y de la mía —? Y como estos, tantos otros ejemplos que se nos pueden ocurrir.

En la pantalla, seguramente todos los atardeceres se ven exactamente iguales, porque obviamente estoy involucrando únicamente el sentido de la vista para captarlo y esto provoca que, encuadre más o encuadre menos, tonos más o tonos menos, básicamente todos muestren el mismo fenómeno natural, ahora, en vivo es otra cosa; al espectáculo visual que nos regala la naturaleza, se suma la mansa paz del silencio que nos rodea, la suave brisa fresca que nos acaricia y el aroma inconfundible del mar, el bosque o la montaña en esa hora tan particular del día, en la que el aire parece estar cargado de una energía que nos invade profundamente. ¿Alguna vez nos hemos entregado de esta forma a un atardecer, con el mismo ánimo con el que nos afanamos en registrarlo de la mejor manera posible?

Realmente tendría que pensar la respuesta.

Esto mismo aplica a todos los demás ejemplos que se nos puedan ocurrir, por lo tanto, este ejercicio casi permanente de registro de todo aquello que nos rodea, se asemeja mucho a esa actitud que tenemos cuando hacemos trampa jugando al solitario. Pero, ¿a quién engañamos o pretendemos engañar? ¿A qué juego queremos hacerle trampas?

¿Al de la vida?

¿Qué irónico verdad? Justamente al único juego del que ya conocemos el final.

La vida es efímera y si de algo estamos seguros es de que un día termina. Claro, no sabemos cuál ni cuándo será ese día, por lo que cada acto al que nos toca asistir tiene como condición el ser único e irrepetible. Y esto de irrepetible es literal, porque no existirá jamás un registro que nos permita revivir de la misma manera un momento determinado. No podremos volver a sentir exactamente lo mismo dos veces, porque las emociones son espontáneas y las sensaciones volátiles. Podremos mirar esos vídeos una y otra vez — si es que llegamos a hacerlo realmente algún día —, pero no podremos volver a sentir las mismas sensaciones ni emociones que nos generó en aquella oportunidad — a pesar aun, de que nuestra atención estaba en ese momento, dividida entre la acción y el registro de la misma —.

¿Qué nos queda entonces?

¡El presente! 

Nos queda el presente vivido con todos los sentidos en acción, entregados completamente a captar lo que estoy viviendo, a sentir lo que fluye desde dentro de mi ser y a guardar el vívido recuerdo en nuestra vasta memoria, que inteligentemente encontrará el momento en un futuro para hacerlo aflorar a la conciencia.

[Nuestra memoria tiene la gran habilidad de diferenciar aquello que realmente es importante para nosotros de lo que no lo es — indudablemente es mejor que nuestro propio criterio en este sentido, porque parece que nosotros mismos no somos capaces de hacerlo correctamente — e ir ubicando cada cosa en diferentes capas de profundidad, con diferentes niveles de dificultad para su acceso. Tan solo basta un mínimo estímulo sensorial para que rápidamente busque el recuerdo en cuestión y lo haga aflorar a nuestra conciencia].

Yo no estoy libre de pecado, reconozco que tiendo a manotear el celular cada vez que se avecina un acontecimiento que vale la pena, ya sea para grabarlo o fotografiarlo y más de una vez me he encontrado a mi mismo, observando un evento en vivo a través de la pantalla. ¡Patética actitud! Pero real.

Estas reflexiones que comparto con ustedes, de alguna manera me ayudan — y aspiro que también a ustedes — a que la próxima vez que llegue ese momento lo piense dos veces, deje el celular en el bolsillo y me entregue en cuerpo y alma a vivir y disfrutar de lo que acontezca.  Si al fin y al cabo terminamos guardando esas fotos y vídeos en carpetas que mueren en el ostracismo, porque cada vez tenemos menos tiempo libre.

Levanto la mirada y veo las agujas del reloj, el segundero impávido ante mis pensamientos continúa con su avance implacable, cumple su función igual que el tiempo, de mi depende aprovecharlo y de nadie más. No hay trampa que valga en este juego.

 

 

 

 

4 comentarios sobre “¿Atrapamos el instante?

Agrega el tuyo

  1. Muy buena reflexión, aunque tardía.
    El atardecer que describís es algo vivo, por eso impacta; característica o aspecto puramente del presente ( de cuando uno está presente ).
    Por otra parte, si consideras que todos creen lo mismo, ¿ Qué sentido tiene la comunicación ?
    Un abrazo.

    Me gusta

    1. Hola Leo, bienvenido! Y muchas gracias por tus palabras.
      Muy interesante tu comentario. En el artículo no quise tocar el tema de la comunicación para que no se abrieran muchos flancos, más bien quería reflexionar puntualmente sobre el papel de la memoria y de la forma en la que hoy en día interactuamos con lo que sucede a nuestro alrededor. No reniego para nada de las virtudes que nos ofrece la tecnología y en la capacidad de comunicación que nos permite, pero la cuestión aquí es en realidad, que muchas veces en el afán de registrar o compartir un determinado evento, dejamos de “vivirlo”.
      Obviamente, todo es opinable y es también innegable la subjetividad de mi artículo.
      Gracias por tu tiempo.
      Abrazo

      Le gusta a 1 persona

      1. Con eso quise decir que la vivencia de uno en uno varía, así como lo que cada quien sabe y entiende. Pero hay una marcada tendencia en sociedad a creer que todos pensamos y creemos lo mismo, en un claro desmedro de la comunicación, donde se ve escaso o nulo interés por comprender nada de la otra parte, y más que nada a acercar posición entre opiniones. Y todo este juicio o visión es claro que tiene mucho de subjetivo, como muchas cosas interesantes que hablamos por ahí, guardadas en lo más íntimo de las personas que nos cruzamos en vida. Habría que ver, en todo caso, si los temas objetivos ( como la física, la matemática ) son los que atrapan nuestra atención, exceptuando los casos en los que ellos sean nuestro sustento. Supongo que hay gustos para todos, pero la tarea de un sociólogo, por ejemplo, tiene mucho de su vista en el estudio de los diversos comportamientos.
        Otro abrazo.

        Le gusta a 1 persona

  2. Tal cual. En todo lo que decís en el comentario ( que muy bien describís en la entrada ) estoy de acuerdo. Y el hecho de que sea subjetivo no tiene que amilanarte al relatar tu observación, pues la experiencia de los demás es nuestra también.
    Sólo quise enfatizar algunos puntos para que no se escapen; es claro que toda charla es un disparador de muchas cosas y temas, pero no por ello debemos olvidarlos.
    Un abrazo!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: