“COCO”, ¡una obra maestra!

Hace unos días fuimos en familia a ver “COCO”, el último largometraje de Disney producido por PIXAR —por las dudas aclaro que no haré ningún spoiler en este artículo—.

Como en tantas otras veces, uno va al cine con cierto descuido —por no decir desinterés, que no sé si aplica tanto—, o con el típico prejuicio de saber que vas a ver una película “para niños”; pero una vez más —y van…—, la gente de PIXAR nos vuelca la mandíbula a los pocos minutos de iniciar la película y nos mantiene en ese estado hasta que termina.

“COCO” es una obra maestra en muchos aspectos, es más, en lo que me es personal, no tengo ninguna duda de que es la mejor película que ha realizado el estudio hasta el momento, pero más allá de eso, que es discutible obviamente, porque sobre gustos no hay nada escrito, creo que esta historia logra niveles muy altos en varios ítems.

Visualmente es poesía pura, la paleta de colores no para de sorprenderte, el despliegue de animación es permanente y cada toma tiene tantos detalles que es imposible abarcarlos de primera. Toca un tema muy delicado como la muerte y lo hace con una naturalidad y madurez tales, que en ningún momento sientes que algo pueda ser hiriente, desubicado o demasiado irreal. La película entera es una clase sobre el “RESPETO”, respeto a otra cultura, a otras costumbres y a otras formas de vivir las circunstancias de la vida, no podemos olvidar que es una historia escrita y realizada por Norteamericanos, sobre un tema fundamental de la cultura Mexicana como es el día de los muertos —sólo este pequeño gran detalle merece un aplauso de pie para los realizadores del filme; muy pocas veces Hollywood ha podido estar tan orgulloso de ello—. Es una excelente excusa para tratar con los más pequeños un tema difícil como la muerte, porque está tan bien contada que el tema se torna algo natural, sin morbo ni prejuicios —lo pude comprobar por las conclusiones a las que arribó solito mi hijo de 6 años recién cumplidos—, y es una excelente oportunidad para “revisar” nuestra propia visión sobre el tema y para darle una resignificación a los recuerdos que tenemos de aquellos a quienes queremos, pero que ya no están con nosotros. Y por último, es una muy linda historia sobre los sueños, la perseverancia y la fe en uno mismo, así como también sobre el valor de la familia, que si bien, todos estos grandes temas pasan a un segundo plano ante la obvia importancia del principal, no por ello dejan de cerrar perfectamente en el conjunto de la obra.

Hace tiempo vengo reflexionando y escribiendo sobre los valores fundamentales de la vida en sociedad y luego de ver esta historia, me sigo convenciendo que uno de los más importantes es el RESPETO. A los 15 minutos de película pensé: “si fuera Mexicano ya estaría orgulloso de mi historia, de mi cultura y de mi idiosincracia“, sin haber visto aún, todo lo que venía más adelante. Y esto, que se refuerza mucho más a lo largo del filme, no es otra cosa que el respeto con el que los productores y realizadores del largometraje trataron no sólo a la historia y su estética —con base a las características propias del folklore azteca—,  sino a toda la cultura Mexicana y al sentir de un pueblo sobre una creencia tan arraigada, en tiempos de Donald Trump, esto no me resulta poca cosa, más bien todo lo contrario.

¡Cuánto se puede construir en base al respeto por el otro, por sus capacidades y su forma de pensar!

Sólo con ese valor fundamental podríamos hacer tanto para mejorar nuestra sociedad, porque si yo te respeto, tú te respetas, te sientes mejor, te empoderas, te animas, te sientes parte, me lo retribuyes y al mismo tiempo contagias esa misma energía en todas direcciones. Solamente teniendo respeto unos por los otros, nada más, ni nada menos.

El efecto multiplicador de este valor es tremendo, por eso me cuesta tanto entender por qué hemos perdido el respeto. ¿Qué nos pasó como sociedad, en qué momento perdimos algo tan simple y tan importante como el simple hecho de respetar al otro? No hay excusa posible, más que el hecho de que dejamos de vernos como sociedad para pasar a vernos como individuos. “A mí sólo me importa la mía, los demás que se arreglen como puedan”, frase de cabecera en el Uruguay de hoy, pero ¿cuánto te va a durar “la tuya”, si todos terminamos pensando y aplicando igual?

Créanme que no me he ido de tema, quienes vean —o hayan visto— la película que aquí les recomiendo, entenderán de qué hablo. Hablo del sentimiento profundo que esta historia seguramente esté causando en el pueblo Mexicano, de parte de una nación que tiene un presidente que quiere no sólo construir un muro para evitar la inmigración, sino que además pretende deportar a cientos de miles de indocumentados que han llegado a “la tierra de los sueños” en busca de una vida mejor. ¿Qué paradoja verdad? Pues bien, no hace más que demostrar que todo es posible, sólo basta con quererlo y creer en uno mismo —otro de los mensajes del filme—.

Traten de ver “Coco” si pueden, no se van a arrepentir.

Y tratemos de recuperar el respeto, aunque sea sólo ese valor y seguramente logremos mejorar mucho de lo que hoy va en picada. Tomemos el ejemplo de aquellos que lo hacen bien y no al contrario.

 

 

 

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