No hay peor ciego que el que no quiere ver.

La lamentable pérdida de una vida, de una joven vida, vuelve a poner sobre el foco de todos la violencia que envuelve al fútbol uruguayo y a nuestra sociedad toda. 

Ahora se alzarán las voces en busca de culpables, al mismo ritmo en que todos los de alguna manera involucrados, mirarán para el costado y señalarán a otros al sentirse incriminados.

¿Era necesario llegar a esto? ¿No era obvio desde hace años, que la convivencia pacífica entre hinchas de Peñarol y Nacional es casi un imposible? Si prácticamente no se puede ni siquiera discutir entre amigos, porque los argumentos se endurecen y los calificativos empiezan rápidamente a exceder la confianza permitida, provocando en el mejor de los casos, un final abrupto de la discusión, para que las cosas no se vayan de las manos.

No hay peor ciego que el que no quiere ver, esto excede al fútbol desde hace rato, insisto una vez más, tenemos un tremendo problema social y una brutal pérdida de valores fundamentales en nuestro país y si no empezamos ya mismo a buscarle la vuelta, vamos a tener problemas muy graves en un futuro mucho más cercano de lo que imaginamos.

Nuestra sociedad se está partiendo en dos, por un lado quienes se sienten atacados y por otro, quienes se sienten discriminados y excluidos. Ya no hay términos medios, porque las circunstancias están obligando a todos a tomar parte por uno de estos bandos, aunque sea de forma inconsciente. ¿Y hay algo peor que una sociedad partida? ¿Es posible la sana convivencia y el desarrollo de una comunidad dividida por el miedo y la violencia?

El sistema político todo es el primer culpable de esta situación que hoy nos toca atravesar, ningún partido está libre, ningún político actual ni pasado está exento, porque la política trata sobre los gobiernos y sobre la organización de las sociedades humanas, en su esencia debería ser una vocación, una verdadera vocación de servicio por y para el bienestar de la sociedad toda y jamás una herramienta o vehículo a través del cual se persigue el bienestar propio. La falta de políticas de estado, la falta de coincidencias en temas medulares para el presente y futuro de nuestro país, desnuda completamente el grado de inoperancia y la falta de capacidad de nuestros políticos, más preocupados por las consecuencias proselitistas de sus acciones y decisiones, que del bien de nuestra sociedad y por ende de su desarrollo y proyección a futuro. Claro, es muy difícil —¡imposible!—permitir que “el otro” se lleve el mérito de aquello que es necesario hacer, sólo porque en ese momento está de turno en el poder,  y así ese devastador mecanismo se activa una y otra vez, según quien esté arriba y quien abajo de la eterna calesita del poder.

El resto de los ciudadanos integrantes de este país, portamos nuestra gran cuota parte de culpa también. Porque estos señores han estado, están y estarán ahí gracias a nuestro voto. Mientras sigamos mirando a la política con desdén, sin involucrarnos, sin informarnos —eso es involucrarse en realidad— sobre las credenciales de quienes pretenden representarnos, estamos fritos. Si votamos sin saber a quién votamos —porque el presidente y el vice no son los únicos que gobiernan—, estamos fritos. Si volteamos la cabeza para quejarnos, pero no levantamos la mano para denunciar, estamos fritos. Si estamos todos de acuerdo en algo, pero no nos unimos para reclamarlo, estamos fritos. Mientras sigamos más preocupados por lo que pasa en la novela de TV o en el programa de entretenimientos que por lo que pasa en nuestra propia familia, estaremos fritos. Mientras dejemos que la tele eduque a nuestros hijos o los tranquilicemos con un juguete digital para que no molesten, estaremos fritos. Mientras sigamos pretendiendo que la escuela enseñe lo que corresponde enseñar en casa, estaremos fritos. Y mientras la permanente mirada a nuestro propio ombligo nos impida ver lo que pasa un metro más allá, lamentablemente, seguiremos estando absolutamente fritos.

Y en este ejercicio de reflexión no me saco el sayo, ni pretendo señalar con el dedo a los demás, tampoco ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, soy el primero en cuestionar mis actos permanentemente, trato de dar lo mejor de mi en cada momento, a pesar de mis errores y defectos y tengo absolutamente claro que es una tarea de tiempo completo, porque nuestra esencia humana, parece tender más al error que al acierto.

Hoy le tocó al fútbol, lo que a diario le toca a un barrio, a una institución, a un comercio o a un hogar. Hoy una familia lamenta la pérdida de un integrante, hoy unos padres lloran la pérdida de un hijo que no fue a buscar lo que le tocó en suerte. Hoy al fútbol le duele lo que hace rato le duele a toda la sociedad y quizás, ese dolor promueva que las autoridades competentes se vean obligadas a hincarle el diente a un problema que parece sobrepasarnos a todos.

Ojalá aquellos que están en condiciones de hacer algo se iluminen y encuentren un camino que nos devuelva a la senda de paz y prosperidad que tanto anhelamos, ojalá suceda, por el bien de todos.

Ojalá los dirigentes de Peñarol y Nacional tengan la grandeza de dejar de lado discusiones estériles y sin sentido, que no han hecho otra cosa que alimentar el odio y la violencia y empiecen a dar el ejemplo que su investidura les impone.

Ojalá podamos volver al fútbol como espectadores de un evento deportivo, que tiene tres resultados posibles y que en ninguno de ellos nos va la vida ni nada que se le parezca.

Mientras tanto, las familias, los hinchas y todos aquellos que amamos los colores de nuestro cuadro y que sólo pretendemos poder mirar un partido en paz, sin miedo y con respeto, seguiremos dejando de ir a los estadios y viendo como la triste realidad va congelando poco a poco, nuestra sana pasión.

En la vida todo tiene que ver con todo, los problemas son multicausales y exigen soluciones multitudinarias, no miremos más para el costado buscando culpables, hagamos algo que esté a nuestro alcance y empezaremos a estar un poco más cerca de las soluciones que esperamos.

Ya lo dijo Kennedy en 1960 durante su discurso de asunción de mando: “No se trata de lo que puede hacer tu país por ti, sino de lo que tú puedes hacer por tu país”.

Empecemos a ponerlo en práctica, por el bien de todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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