Nostalgia era la de antes

Este post quiero dedicarlo a compartirles una nota de lectura absolutamente recomendable, que escribió el director del diario El Observador Ricardo Peirano, en su blog Reflexiones Liberales. Pero antes de brindarles el link para que puedan leerla en su totalidad, quiero aprovechar la ocasión para agregar algunas reflexiones más, a tono personal, sobre el tema que allí se trata.

La segunda acepción que brinda el diccionario de la Real Academia Española sobre la palabra “nostalgia” es la siguiente:

“Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”.

Debemos ser el único país del mundo que “festeja” la tristeza o la dicha perdida. Y si bien la otrora popular —hoy ya no lo es tanto— fiesta del 24 de Agosto a la noche —previa de la conmemoración nacional por la declaratoria de la independencia— surgió como una idea para realizar una fiesta/baile en la que sólo se escuchara música de décadas pasadas; resultó que con el tiempo fue degenerándose hasta calar hondo en la cultura uruguaya, promoviendo todo tipo de expresiones culturales tanto en radio, teatro, televisión y aun más hondo, en las reuniones de amigos y familiares a lo largo y ancho del país, donde no es raro aun hoy, que en determinado momento surja espontáneamente el clásico recorrido a través de la memoria de aquellos programas de televisión, canciones, gestas deportivas y demás, que alguna vez marcaron nuestras infancias y adolescencias, como si ello representara que nunca más volvimos a sentirnos como en esos días.

Un solo minuto de reflexión seria nos demuestra que no es así, que la vida está para vivirla y que cada día que pasa crecemos, y ese crecimiento viene acompañado de múltiples experiencias, todas valorables desde muchos puntos de vista, porque aun aquellas en las que fallamos o sufrimos, son mojones que nos permiten corregir el rumbo y volver a la ruta con más experiencia y fuerzas renovadas. ¿Cómo es posible que vivamos mirando para atrás —como muy bien lo explica Peirano en su nota—, festejando logros ajenos, recordando épocas que quizás fueron buenas, pero que seguramente —porque la memoria tiende a teñir todo del color que nosotros mismos le adosamos—, si pudiésemos volver a vivirlas nos encontraríamos con muchas dificultades y momentos ingratos que hoy preferimos no recordar? ¿En qué cabezas cae, que alguien que mira por el retrovisor permanentemente, pueda avanzar con un mínimo de éxito en su camino? ¿En qué momento perdimos la esperanza? ¿En qué momento perdimos la fuerza, la voluntad, la disciplina y el amor propio? ¿Qué le está pasando a mi Uruguay?

Lamentablemente no tengo las respuestas, por eso, mientras mil preguntas más me asaltan a diario y siempre sobre los mismos temas —quizás porque me vea influenciado por mi hijo de cuatro años que crece hacia una sociedad que lo espera agazapada— quiero compartir con ustedes esta columna que supo expresar muchas de las cosas que uno viene pensando desde hace mucho tiempo —por suerte en coincidencia con varios amigos— y que a veces es difícil condensar de forma tan brillante. ¡Que la disfruten!

ENTRE LA NOSTALGIA Y EL FUTURO

Por Ricardo Peirano

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