A las crisis las vencemos con agradecimiento

¡Todos tenemos algo para agradecer!

En realidad, todos, absolutamente todos tenemos muchas cosas para agradecer, sin importar la situación en que nos encontremos y sin importar los problemas que nos acucien.

La vida está llena de detalles importantes, de situaciones que vivimos en modo automático sin reparar en todo lo que significan para nuestra existencia, hagamos un breve repaso por una serie de aspectos de los cuales deberíamos estar muy agradecidos de poder llevarlos a cabo, experimentarlos, disfrutarlos o simplemente tenerlos:

Primero que todo, podemos respirar. Tan simple como eso y si en este mismo momento, estás pensando que el simple acto de respirar es algo tan natural en los seres vivos como para tener que agradecerlo a diario, puedes preguntarle a cualquiera que sufra algún tipo de dificultad respiratoria, para que ésta persona te llene de razones por las cuales valorarlo. Me pareció demasiado obvio remarcar que gracias a la respiración estamos vivos. Podemos disfrutar de nuestros sentidos, de todos o de algunos, basta con escuchar a alguien que esté privado de uno solo de ellos, para comprender la importancia que cobran en su existencia todos los demás, por lo que si disponemos de la vista, del oído, del olfato, del gusto y del tacto en toda su magnitud, ¡cómo no vamos a estar agradecidos!

¿Podemos desplazarnos por nuestros propios medios, sin necesitar la ayuda de nadie, sin requerir de ningún tipo de dispositivo? Gracias, es lo que tenemos que decir entonces. ¿Podemos expresarnos libremente y hacernos entender? ¡Gracias! Porque podemos comunicarnos con los demás, podemos relacionarnos, podemos evitar la soledad. La capacidad de comunicarnos es lo único que necesitamos para ello. Y si no estamos solos, si podemos mirar a los ojos de otro y decirle cómo nos sentimos, evitamos muchas angustias y muchos dolores que provienen del aislamiento y la soledad. Podemos también escuchar al otro, prestarle nuestra atención y provocar en él, ese sentimiento único que genera la escucha atenta, el rapport, la empatía. Podemos entonces cambiar una circunstancia sólo con nuestra disposición atenta, o pueden cambiar nuestra circunstancia del mismo modo. Y eso es algo por lo que estar agradecidos.

¿Todos los días podemos comer? ¿Más de una vez al día? ¡Gracias! ¿Se nos complica, no tenemos dinero, estamos en problemas y tenemos hambre? Eso es delicado, pero entonces surge alguien que de alguna manera nos ayuda y eso merece un ¡gracias! enorme, en todos los sentidos. ¿Disponemos de nuestras facultades mentales? ¡Gracias! ¿Tenemos salud? ¡Gracias! ¿Estamos capacitados para hacer deporte, a cualquier nivel, aunque sea para caminar? ¡Muchas gracias!

Y así podemos seguir enumerando una serie casi interminable de cosas, situaciones o aspectos, todos ellos cotidianos, por los cuales debemos estar agradecidos. Todo lo contrario son meras excusas, así de simple. Seguramente mientras leías varias de esas cosas que hacemos o disfrutamos a diario en modo automático, ibas pensando simultáneamente una serie de excusas que arribaban a tu mente, las cuales sonaban muy válidas para argumentar el porqué de no necesitar agradecer a diario, por actos tan simples.

¡Excusas, puras excusas! Eso es lo que vivimos anteponiendo a todo lo que nos pasa, vivimos excusando nuestra responsabilidad ante las circunstancias justamente porque no nos hacemos responsables por nuestros actos, por lo que nos pasa y lo que hacemos con lo que nos pasa. Vivimos culpando a la suerte, a las circunstancias, a los demás, o la entidad que corresponda por todo lo que no tenemos, por todo lo que perdimos, por todos nuestros sufrimientos, en lugar de hacernos responsables de nuestra propia existencia y en lugar de tomar el timón de nuestra propia vida, como corresponde.

Claro, tomar el timón requiere responsabilidad, requiere sacrificio, requiere habilidad, requiere capacidad, aspectos que están en nosotros, todos ellos, pero que por alguna razón, dentro de nuestra mente tendemos a creer que nos faltan, al menos algunos, y que por lo tanto, estamos exentos de realizar la dura tarea de “timonear” nuestras vidas y llevarlas por el camino que soñamos transitar. Es mucho más fácil sentarnos a esperar que las cosas pasen, o que alguien las provoque, en lugar de provocarlas nosotros mismos con nuestras acciones. ¿Qué pretendemos con esta actitud? ¿Acaso en realidad creemos que las cosas van a mejorar porque la economía mejore o porque llegó el buen tiempo, o porque nuestros familiares están mejor que nosotros y por ende, su situación derramará en la nuestra? ¿Acaso estamos tan ciegos? ¿Acaso somos tan necios?

Lamentablemente parece que sí, porque a diario conocemos personas que están perdidas dentro de sus propias vidas, sin percatarse que la solución a casi todo lo que les pasa son ellos mismos. Y cuando la solución no esté disponible a través de nuestro accionar, al menos tengamos la certeza de haber hecho todo lo que estaba a nuestro alcance, que no es poca cosa.

La actitud ha sido y será siempre, mucho más importante que la aptitud, en todos los órdenes. Y he ahí la respuesta a porqué algunas personas salen adelante en la vida y triunfan y porqué otros no lo logran. Hay quienes toman al toro por las astas y dirigen sus actos en pos de sus sueños y objetivos, a pesar de obstáculos y dificultades, siempre con la mira puesta en el destino que eligieron para sí mismos. Esas personas son optimistas, confiadas, seguras y emprendedoras, no porque tengan suerte o porque la divina providencia los haya tocado con su varita mágica, sino porque confían en sus propias condiciones, confían en sí mismos del mismo modo que no se entregan ante las adversidades. Esas personas conocen el poder de los sueños y por eso están llenos de ellos, los alimentan, los estimulan, porque saben que son su combustible, saben que gracias a ellos, pueden levantarse cada mañana con la fuerza necesaria para enfrentar lo que sea que el día depare, conscientes que darán un paso más en pos de concretarlos.

Esas personas, los que se hacen responsables de sus vidas, los que toman acción, los que no esperan, los que sueñan, los que buscan, los que emprenden, los que se entregan a la vida y la viven a pleno, los que la disfrutan; esas personas, son agradecidas, son muy agradecidas. Dan gracias de poder estar al mando de la situación, de poder contar con las herramientas necesarias para hacerlo, dan gracias por poder soñar y porque su destino depende de ellos mismos, al menos en todo lo que esté a su alcance, esas personas dan lo mejor de sí, cada día, a cada momento.

¿Y qué sucede cuando nos hacemos responsables, cuando somos agradecidos? Generamos una energía positiva en nuestro interior y en nuestro entorno, que hace que las cosas empiecen a encajar unas con otras, para ir dando forma, de a poco, a nuestros deseos. Cuando esa energía nos invade, cambiamos y cambia nuestro entorno, provocamos en los demás esas mismas sensaciones. Cuando nos llenamos de energía positiva inspiramos, provocamos a los demás, somos como esa melodía que impide quedarse quieto, contagiamos, ¡atraemos! Sí, atraemos lo bueno y alejamos lo malo, porque estamos plenos, estamos en sintonía con nosotros mismos y completamente blindados a los avatares del momento. Confiamos en nosotros mismos, de la misma forma en que somos conscientes que dependemos de nosotros mismos y de nadie, ni nada más. Así de simple y así de complejo.

A partir de ahora, cuando empecemos a ver el medio vaso vacío, cambiemos el chip y tratemos de ver sólo el medio vaso lleno. Cuando estemos a punto de quejarnos por algo que nos falta, hagamos el ejercicio de pensar en algo que sí tengamos y que merezca la pena agradecer. Cuando estemos a punto de poner una excusa por algo, seamos conscientes que no estamos siendo responsables ante lo que nos corresponde y por lo tanto, las cosas seguirán aconteciendo de la misma forma que hasta entonces, sin cambios y sin derecho a reclamar, porque no habremos estado a la altura de las circunstancias.

Si lo pensamos bien, a fondo y con sinceridad, seguramente lo que sea que nos esté sucediendo y no queramos, lo que sea que nos esté generando intranquilidad, todo aquello que parezca sin salida, en realidad, dependa de nosotros mismos, dependa de un cambio en nuestra actitud, o dependa de que lo pensemos concienzudamente, para encontrarle alguna solución real y a nuestro alcance. Nada es para siempre, todo pasa, todo llega y todo se transforma. La solución siempre está en nosotros.

Empecemos por agradecer, por vivir en estado de agradecimiento, por apreciar todo lo que tenemos al alcance y no vemos. Y luego, seamos responsables de nuestras vidas, para estar a la altura de nuestros deseos y poder vivir con la convicción de que hemos dado lo mejor de nosotros en cada caso. Verás que no hay crisis que se resista a esta combinación. ¡Adelante!

5 comentarios sobre “A las crisis las vencemos con agradecimiento

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  1. Te agradezco jaja
    “La actitud ha sido y será siempre, mucho más importante que la aptitud ” .me encantó
    No me dices nada nuevo pero son cosas que no tengo tan presente como debería.
    Y es bueno pensar en ellas. En lo personal me gustaría un lenguaje más directo y no tan adornado . mbSte abrazo

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias por tu tiempo Adrián y bienvenido al Blog!
      Mira, tengo claro que no digo nada nuevo, pero también que las personas tendemos a vivir en modo automático la mayor parte del tiempo y por ende dejamos de apreciar y valorar muchas cosas importantes, que después añoramos cuando nos faltan. Del mismo modo, tendemos a paralizarnos ante los problemas que nos superan, sin darnos cuenta a veces, que la solución a casi todo lo que nos pasa está en nosotros mismos. Ese es el espíritu con que escribí esta nota, justamente como tú mismo lo dices, para que tengamos “presente” todo lo que en realidad corresponde.
      Y en cuanto al lenguaje, veo que podríamos discutirlo durante horas, porque si bien entiendo tu perspectiva, yo disfruto de la literatura cuando toma forma de arte, o sea, cuando el escritor hace uso de los tropos retóricos que están a su disposición. Imagínate a la literatura sin la metáfora para poner un ejemplo. Pero respeto tu gusto, que es muy válido.
      Muchas gracias!
      Abrazo

      Me gusta

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